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sábado, 16 de julio de 2011

Nuestro cerebro y la memoria

No hace más de diez años, era necesario dedicar mucho tiempo a obtener respuestas sobre preguntas técnicas de nuestra profesión. A veces no sabíamos donde indagar y habíamos de consultar diferentes libros, manuales o documentos. Teníamos mucho soporte en papel, pero también mucho más tiempo y los productos eran más simples, aunque requerían más dedicación.

Hoy, gestionamos muchos más productos y herramientas de trabajo, aunque sabemos mucho menos de ellos. Su complejidad, debido a la capacidad de integrar unas funciones de un producto con las de otro, ha crecido enormemente. No seríamos capaces de volver al viejo método de leer en papel para buscar la respuesta a todas nuestras dudas.

Es cierto que no nos hace falta, porque siempre esperamos que otro haya encontrado la solución al problema antes que nosotros y por eso recurrimos a los buscadores y a Internet. Pero lo cierto es que sin Internet, casi todo lo que tenemos perdería valor rápidamente y nuestra capacidad para solucionar problemas también.

Tengo la certeza de que muchos productos han perdido su robustez ante situaciones inesperadas por culpa de Internet. Antes éramos muy exigentes con la calidad de los productos o la forma en que se manejaban, tampoco permitíamos que nos cambien sus características o funciones cuando el fabricante quisiera. Simplemente averiguar cómo hacer algo o adaptarse a otros sistemas requería tiempo, y eso resultaba caro.

La robustez era fundamental, porque un fallo suponía perder muchas horas hablando con el proveedor para que nos diera solución o soporte. Al fabricante, al vendedor y al proveedor esto no le interesaba. Miles de usuarios llamando, personas quejándose, era una mala política y daba mala fama al producto.

Hoy a nadie parece importarte que muchas cosas que compramos, por la velocidad a la que salen al mercado y lo poco maduras que están, fallen o tengan defectos. Para eso está Internet, para que nosotros busquemos la solución, pero lo cierto, es que sin Internet, los productos no podrían haber alcanzado la complejidad que tienen, porque un usuario molesto e incapaz de hacer funcionar correctamente lo que ha comprado, no vuelve a comprar. Han trasladado el soporte de sus productos a los clientes, y ahora pueden producir productos más aprisa y menos robustos, solo importa que al consumidor le gusten, aunque pierda la mitad del día a aprender cómo funciona.

De cómo ha cambiado Internet nuestras vidas y nuestra manera de ver las cosas no voy a hablar hoy. Pero si podría explicaros que quizás terminemos por perder parte de nuestra capacidad para recordar las cosas porque cada vez buscamos más y memorizamos menos. No solo eso, sino que empezamos a recordar maneras cada vez más breves de acceder al conocimiento, reduciendo los esfuerzos y encontrando sistemas simplicados que permitan tras varios "pasos" acceder a lo que necesitamos recordar. El ejemplo más burdo es Google, pero también lo serían los acortadores de URL, los programas que nos bajan las noticias de diferentes enlaces RSS o los marcadores que tenemos en el navegador.

Está perdiendo sentido el hecho de tener la información ordenada para poder buscar en ella, porque para eso están los ordenadores y las bases de datos, para indexar. Pero cuando toda la información deje de estar en papel y esté en los ordenadores, ¿qué pasará si se revelan? Apagarlos, sería hacer desaparecer todo el conocimiento mundial. Sería como quemar todos los libros de la Tierra, es decir, MUY grave. Volveríamos a las bibliotecas del s. XVIII, a los originales, a los tratados de ingeniería y retrotraeríamos la ciencia doscientos cincuenta años atrás. ¿O podría ser aún peor?

Os dejo este artículo que me ha inquietado:
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/15/navegante/1310740183.html

Saludos

jueves, 7 de julio de 2011

Algunos pensamientos

Aunque no se a quien pertenecen, sí que los he oído en el "recetario popular":

Para cuidar de aquellas personas a las que quieres, primero tienes que estar tú mismo bien.

Las cosas realmente buenas son sencillas.

La belleza normalmente radica en la simplicidad.

Las ideas más claras son aquellas que se pueden expresar con menos palabras.

Las cosas con más sentido son aquellas que son reconocidas como verdades en cuanto se dicen y no necesitan defensa alguna.

Lo que parece más evidente, a veces no lo es hasta que se expresa en voz alta.

No intentes comprender la acción de otro. Sus motivos no son los tuyos.

Saludos