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jueves 30 de abril de 2009

Tai-pan

Llevo ya unos días leyendo Tai-pan, ese maravilloso libro de aventuras que leí hace 8 años y que también había leído durante mi adolescencia. De hecho, cada vez que lo cojo me cuesta soltarlo, y así es como se me hacen las dos de la mañana devorando las páginas.

Como muchos sabréis Tai-pan es un libro que versa sobre el tráfico del opio y del te entre China y las potencias occidentales (sobretodo Inglaterra) y sobre el nacimiento de Hong Kong. Fue escrito por James Clavell, y la historia parte de los conflictos entre las potencias europeas y China a mediados del s.XIX por la supremacía en el comercio en aquel país, su falta de apertura al exterior, y el intento principalmente británico de nivelar su balanza de pagos, comprando te con plata y vendiendo a los chinos opio a cambio de esa misma plata.

Mucho se ha hablado de Star Wars o el Señor de los Anillos, pero lo cierto es que un libro tan denso como éste, tan plagado de detalles, bien daría para escribir una apasionada trilogía en el cine. ¿Alguna productora se arriesga? El libro tiene todos los alicientes para ser una historia que "enganche" a los cinéfilos: amor, familia, amantes, rivalidades, odio, extorsión, compra de cargos públicos, sobornos, codicia, mentiras, guerra, acción, una compleja historia, piratas, cultura oriental, etc. Y ahora que las películas de estilo oriental están tan de moda y el cine asiático engancha, podría ser un ajuste a medio camino entre Occidente y Oriente.

Saludos

martes 28 de abril de 2009

Normas básicas

De pequeños escuchábamos estas cosas, pero parece que no oímos bien del todo, porque tampoco parece que nuestra generación las esté trasladando a sus hijos. Me refiero a la educación, a la atención básica por el estado de otras personas. Pondré ejemplos:

Entramos a comprar al supermercado y no saludamos a la cajera, no la miramos a los ojos, no le sonreímos, y no nos despedimos llamándola por su nombre.

Vamos a la tienda de móviles, y hacemos cola durante cuarenta minutos. La chica es seca, apenas habla y tiene cara de pocos amigos. Nos damos cuenta de que está afónica, pero no le preguntamos por su garganta, no le ofrecemos un caramelo, ni le decimos lo duro que es atender al público y repetir una y otra vez lo mismo. Tampoco bromeamos con ella sobre eso.

Llegamos a un cruce de dos calles y viene alguien por la otra, ambos peatones circulamos por la acera. Naturalmente ninguno de los dos aminoramos el paso, al contrario, lo aceleramos para pasar primero. No lo reducimos drásticamente o incluso paramos para que la otra persona pase y si lo hacemos, sabemos que tampoco nos darán las gracias.

Hace algún tiempo empecé a saludar a un barrendero bastante serio del barrio. Primero le sonreía y luego le saludaba. Tras un par de semanas de repetir el proceso, ahora, siempre que me ve, me saluda. Lo mismo puedo decir del servicio de limpieza del lugar donde trabajo. Basta con mirarlos a los ojos, sonreírles abiertamente, decirles "buenos días", llamarlos por su nombre si lo conoces, y pasadas un par de semanas puedes hacerlo poniendo tu mano en su hombro al pasar. Posteriormente serán ellos los que te darán una palmada en la espalda, o no.

Ves una persona altiva u orgullosa, y normalmente es toda fachada. Basta reconocer una debilidad, o un error, para que se relajen, ya no tienen que competir contigo. Ya no juegan a ver quien es más fuerte. La rivalidad siempre surge al principio, si la evitas, si te relajas y sabes iniciar la conversación correctamente, si no pareces peligroso, queda eliminada de la relación. Las dos personas han establecido una opinión cada una de la otra y queda ese recuerdo duradero.

En cualquier caso, estamos solos porque no intentamos estar cerca de los demás. No hace falta estar demasiado cerca, sino prestar un poco de atención.

Cada vez que salgo de mi casa, lo hago con el propósito de no añadir un momento desagradable a la vida de nadie o de generar estrés. No siempre lo consigo claro, pero al menos lo intento.

Consumo desmedido

Mucha gente que se muda de vivienda, comienza por reformar el piso antes de trasladarse. Puede que la casa gozara de puerta blindada, pero si es antigua, se cambia. Puede que los propietarios nos la dejaran con la cocina equipada, esto es, electrodomésticos como la lavadora, lavavajillas, cocina, encimera, etc; pero como en España parece que nos da "asco" emplear la lavadora de otro o simplemente no va con nuestro estilo, cambiamos los electrodomésticos.

Pintamos la casa, naturalmente cada habitación de manera diferente; cambiamos el suelo; los sanitarios, las puertas, etc. El resultado, una vivienda para estrenar.

¿Es este el tipo de consumo que debe reactivar la economía mundial para que vuelva a crecer?

Me refiero a cambiar de ropa todos los años, de coche cada cinco, a gastar a cuenta de nuestra tarjeta de crédito...

¿Eso es el consumo sostenible? ¿Alguien se acuerda de que debemos cambiar de modelo si queremos legar un planeta a nuestros congéneres y no una pila de desechos y basura?

¿Por qué no aprovechar la crisis para cambiar de modelo productivo? ¿Por qué no invertir más en ampliar el abanico de productos de otros sectores para dotarnos de calidad de vida en vez de pensar en reducir los plazos de consumo de los mismos artículos de siempre (coches, ropa, vivienda,...)? ¿Por qué no invertir en ecología? ¿Por qué se piensa en construir carreteras y no en replantar bosques, cultivar la tierra baldía o inculcar civismo? ¿Es que eso no crea acaso puestos de trabajo?

El paradigma actual es insostenible. El trastorno del consumismo agota nuestra salud y provoca ansiedad, cambia el orden de las cosas, dejando lo verdaderamente importante y saludable en un segundo puesto. Nos hace parecer pobres cuando no lo adquirimos todo, pero verdaderamente es cuando lo compramos cuando nos hace pobres interiormente.

Yo ya me siento distinto cuando no compro todo lo que me venden prefabricado para desayunar; cuando sigo utilizando una televisión de tubo catódico, cuando no actualizo el ordenador de casa cada dos años, cuando me mudo y conservo la vieja puerta de entrada de la casa, o cuando utilizo algunos de los enseres de cocina de mi abuela. ¿Es necesario tirarlo todo? ¿No tenemos apego a nada?

viernes 24 de abril de 2009

Nuestro hogar

¿No os da la sensación que la palabra "hogar" cada vez se emplea menos? Pensamos en nuestra casa, nuestra vivienda, el piso, pero poca gente dice ya la palabra "hogar", que tiene implicaciones más profundas en nuestras vidas y que enlaza con conceptos como el arraigo y la familia.

Por si fuera poco, ya no hablamos de pueblos sino de "pequeñas ciudades dormitorio", resaltamos poco las virtudes de tener un espacio para nuestra familia, pero hablamos constantemente de la hipoteca, los vecinos, el ruido, los impuestos referentes a la vivienda, etc.

La casa, referida como hogar, ha perdido el peso que tenía antaño, hoy solo es un objeto más de consumo. Y yo me pregunto, ¿estarán intentando las empresas sustraernos el valor del "hogar" para aceptemos movernos por el mundo y cortar las raíces que nos unen a nuestros orígenes?

Hoy nos aburrimos, nos quejamos cuando no tenemos nada que hacer y solemos rellenar todo nuestro tiempo libre con televisión, radio, cursos o de cualquier otra manera banal que se nos pase por la cabeza de obligarnos a no pensar.

El otro día estuve en la casa de campo de mi hermana, y uno sale de la casa, se sienta al sol y no tiene prisa por moverse. Notas la brisa, el sol sobre tus hombros, la tranquilidad del canto de los pájaros, y no tienes la necesidad de ponerte a hacer "algo" inmediatamente. Sin embargo en la ciudad, en tu vivienda, no puedes dedicarte a la vida contemplativa. Somos incapaces de sentarnos en el sillón a admirar el techo; aunque en la naturaleza podamos tumbarnos en la hierba a admirar el cielo.

No parece que vivir en edificios, chalets adosados o urbanizaciones sea lo que necesitamos. Tampoco parece que el concepto de propiedad unido a la vivienda con una hipoteca atosigándonos para siempre nos de la libertad que nuestras almas anhelan. Parece que los humanos hemos perdido el horizonte.

lunes 20 de abril de 2009

Libros y más libros

Lo cierto es que hace algún tiempo que decidí dar, tirar o reciclar los libros que había leído alguna vez, pero que no llevaba idea de volver a emplear, o simplemente me habían aportado una visión de un tema que no pretendía conocer en detalle.

En estos momentos tengo una estantería en mi estudio con los libros que ya he leído y que no pretendo volver a leerme en el futuro. Naturalmente, estos volúmenes no hacen otra cosa que coger polvo y ocupar mi escaso espacio. Unos son de informática, sobre temas que ya no toco, o de los que quería tener una visión global; otros son de lectura y entretenimiento, de historia, etc.

Me refiero a libros como:

- Los Pilares de la Tierra, de Ken Follett
- Programación en Borland C++ 3.x de Lee Atkinson y Mark Atkinson
- Turbo C/C++ 3.1 Manual de Referencia de Herbert Schildt
- Administración de Red Hat Linux de Thomas Schenk et al. Ed. Prentice Hall
- Estúpidos hombres blancos de Michael Moore
- ¿Por qué la gente odia Estados Unidos?, de Ziauddin Sardar y Merryl Wyn Davies
- Hackers 3 de Stuart McClure, Joel Scambray y George Kurtz. Ed. Mc Graw Hill
- Las 'Aventuras' de Caleb Williams o Las Cosas como Son de William Godwin.

Saludos

Las cosas como son

Recientemente, he terminado de leer "Las 'Aventuras' de Caleb Williams o Las Cosas como Son" de William Godwin. Este libro fue publicado en 1794 y me pareció interesarlo adquirirlo porque aparecía en el capítulo de bibliografía de "Como ser libre", de Tom Hodkingson.

Este autor decía de "Las Cosas como son": "Un cuento fascinante sobre la vida con prisas". Pues bien, nada que ver con este comentario. Es como si quien ha comentado cada libro que consta en la bibliografía no supiera lo que estaba haciendo. No se si será el caso de todos los libros o solo de éste ...

Aún así, y aunque repito, que no tiene nada que ver con lo que escribe en el capítulo dedicado a la bibliografía, el libro es sumamente interesante. Trata de como un obsesión puede arruinar la vida de alguien que pretende esconder un secreto, de como la curiosidad malsana puede arruinar la vida de otra persona y donde pueden llegar conceptos como el acoso, el intento de aniquilar psicológicamente o de llevar a la desesperación más absoluta a alguien. Aparece la lealtad, la amistad, el honor, el desprecio, el odio, y todos los sentimientos más fuertes que marcan las relaciones entre las personas. Naturalmente los personajes son esclavos de los ideales y maneras de pensar de su tiempo. Y el final, que no es el que algunos esperábamos, es el propio de la mentalidad entre caballeresca y medieval de la época en la que acontece la historia (época colonial de Gran Bretaña, aunque esto apenas tenga importancia).

En definitiva, me ha resultado muy interesante, y expresa muy bien algunas motivaciones aparentemente descabelladas que mostramos los hombres en nuestro comportamiento, a veces, ciertamente irracional.

Saludos

lunes 6 de abril de 2009

Anochecer

Hace unos meses me marché al campo de mi hermana, un pequeño terreno de secano que tiene en el interior de la provincia de Valencia. Nos quedamos paseando, podando los almendros, recogiendo leña y demás tareas típicas del campo, sin prisas y con buenas pausas.

Cuando se hizo de noche, me sorprendieron dos cosas.

La primera, lo sumamente claro que podía verse el cielo y las estrellas. Ya no me acordaba de que estaban ahí. Entonces recordé que cuando era pequeño podía verlas en Valencia sin problemas. Hoy, un cuarto de siglo más tarde no puedo.

La segunda sensación que tuve fue la del miedo, cuando al abandonar la casa, la oscuridad se adueñó de todo. Busqué luz, pero allí no habían farolas, como en la ciudad. ¿Miedo a qué? - pensé. Solo era la triste costumbre de vigilar a tu alrededor por la noche en la ciudad buscando personas con malas intenciones; pero estábamos solos, y allí no hay animales que puedan considerarse peligrosos para el hombre.

Me dí cuenta entonces de como las ciudades han cambiado nuestros hábitos y la percepción de nuestras vidas y entorno. Vivimos en burbujas artificiales, no nos relacionamos con lo que nos rodea, si no con lo que crean a nuestro alrededor.