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jueves 26 de febrero de 2009

Solución Minimalista

Estamos perdiendo zonas o ámbitos de trabajo en la informática. Dicen que todavía es un sector que no está maduro, que aún puede evolucionar, pero empiezo a pensar que no es cierto. Como en otras muchas actividades, ya no resulta rentable reparar nada. Y cada vez se venden más soluciones compactas que no necesitan conocimientos de ningún tipo para emplearse.

Como es lógico, esa mecanización, ha empezado primero con la microinformática, es decir, haciendo transparente su uso por profanos, y rebajando su coste a lo mínimo.

Veo estos nuevos micro-pcs de funcionalidad básica, y me planteo quien querría reparar un cacharro como ese si se avería. O qué sentido tiene pensar en prestaciones, ampliaciones, antivirus, software o sistema operativo con soluciones así. Solamente la funcionalidad es lo esencial. Lo demás, no importa.

Es un producto alternativo muy interesante, pero que elimina la necesidad de personas como nosotros. Soluciones simples, baratas, sin mantenimiento y cómodas para un usuario sin conocimientos.

Tener un pc básico o estar conectado a Internet ya no requiere de un técnico de mantenimiento. Basta con tener una ADSL lista y el resto es obvio.

Saludos

Sin calidad y sin informáticos

A principios de esta semana estuve hablando con un consultor de informática que además es docente de universidad y director de un master. Me comentaba que las empresas están valorando más el precio que la calidad a la hora de escoger la formación.

Prefieren que la persona que trabaja para ellos, un informático, reciba un curso más barato, aunque no sea de la misma calidad, pero que le permita adquirir nociones sobre una herramienta nueva, y que cuando posteriormente necesite ejercitarse más, o adquirir experiencia, que se busque la vida e investigue sobre lo que no haya podido aprender en el curso.

Por no hablar de lo que ya sabemos, que son las empresas que proporcionan personal subcontratado y servicios las que ganan dinero. Y para aumentar su margen de beneficio, contratan a personal poco cualificado a bajo precio, que luego facturan como si tuvieran diez años de experiencia.

Así que está dándose la paradoja de que administran servidores de Oracle chavales con poca experiencia, que no saben optimizar una base de datos (ni siquiera compactarla) o crear índices para mejorar el acceso a consultas. Cuando la empresa solicita mejores servicios, la empresa proveedora reclama precios muy elevados, que como el cliente suele negarse a asumir, garantiza que siguen empleando al mismo personal inexperto y mantienen artificialmente alta su cuota de beneficios.

El resultado, no hay cabida para buenos profesionales con sueldos altos. No interesan al proveedor de servicios porque hay poco margen de beneficio, y los clientes prefieren no pagar su salario más el importante diferencial que intentan cargar desde la empresa que presta el servicio mediante outsourcing.

Esto se puede resumir en aquello que me dijo una vez el dueño de un asador de carne: "Mira, prefiero vender un vino de 9 euros a 15 y obtengo un 66% de beneficio, que un vino de 30 euros a 40, que solo saco un 25% de rentabilidad". Y al final, donde hay margen, es donde se puede cargar el precio.

Pregunté a mi amigo consultor qué pasaría dentro de unos años con personal técnico poco cualificado y sin informáticos de calidad, con un número decreciente de egresados desde la Formación Profesional y las Universidades. Su respuesta fue simple: "A las empresas les da igual. Aquí solo se piensa en hoy y en mañana, no en el futuro".

Olé. ¡Viva España!

martes 24 de febrero de 2009

Estudiando Chino

Bueno, algunos os preguntaréis que he hecho estos días para no escribir nada. Y no es que me esté volviendo vago, es sencillamente que llevo una vida trepidante (adjetivo que siempre no puede asociarse a cosas buenas). Se me han juntado últimamente algunas cosillas, y la verdad es que tardaré un tiempo en reordenar mi espacio y mis obligaciones.

Como otros muchos, he decidido aprender chino y aunque no llevo demasiado tiempo, puedo deciros ya varias cosas sobre este idioma. En principio es sencillo aprender a hablarlo, aunque el vocabulario es extenso y hay miles de palabras que se escriben o pronuncian igual o casi igual, lo que da mucha importancia al contexto.

La principal dificultad, como ya os habréis imaginado es la escritura. Actualmente se escribir unos 200 carácteres chinos. Para leer un periódico decentemente necesito al menos ochocientos, y para entenderme con un lenguaje básico unos mil quinientos símbolos. Existen sobre unos 64.000 carácteres (tengo entendido) y para alcanzar un nivel universitario son necesarios unos 8.000.

No se habla en todas partes igual, existen distintas regiones de China y cada una presenta cambios fonéticos, de vocabulario, etc. Además existen sobre unos siete dialectos de este idioma. Por no hablar de que en China, aunque sean mil doscientos millones, todos no son chinos, aunque eso sí, viven en la República Popular de China.

En definitiva, que si pretendíais como yo hablar chino para comunicaros con 1200 millones de chinos, sabed que solo podréis entenderos con una parte de ellos y con práctica y tiempo, además de una estancia en otros lugares del gigante asiático, quizás lleguéis más lejos.

Se me olvidaba. Los chinos pueden escribir sus carácteres en chino moderno o tradicional. Lo que nos enseñan en las escuelas es el moderno, y el sistema pinyin desarrollado por expertos chinos para enseñarnos a los no asiáticos a pronunciar su idioma, no lo conoce allí ni su padre, por lo que hay que aprender también los símbolos (o sea, a dibujar).

Pero con dedicación y tesón ....

jueves 19 de febrero de 2009

Los pecados capitales: ellos y ellas

Me ha resultado curioso este análisis sobre los vicios o pecados capitales de las personas. Lógicamente hombres y mujeres tenemos planteamientos distintos de la vida y formas diferentes de ver las cosas. Así que no podíamos pecar igual, claro.

Saludos

Como provocar a alguien

Después de tantos años atendiendo al público y a los clientes, me doy cuenta que todavía no domino el arte de no enfadarme. Como informático atiendo a personas, comúnmente llamadas usuarios, aunque este término no me gusta porque comienza a decirse despectivamente.

No estoy pensando en tensiones o conflictos con personas razonables que piden explicaciones, atienden las alegaciones y con las que se puede llegar a acuerdos; hablo de esas personas irracionales que no vienen a negociar, sino a patalear como niños malcriados y que esperan que después de la protesta, digas algo así como: Sí, tienes razón. Mañana lo tendrás. Perdona mis errores".

Naturalmente me refiero a aquellos que no respetan normas establecidas por la empresa antes de que tú llegaras, o a procedimientos de seguridad o maneras de proteger la información que a veces les provocan alguna incomodidad.

Por muy simpático que seas, por muy tranquilo, existe una forma de hacerte enfadar. Todo el mundo tiene un límite de tolerancia. A lo mejor soportas bien los insultos, las palabras soeces, la mala educación, el calor, el mal olor, el desmayo si todavía no has podido almorzar o comer; puede incluso que seas de los que no te molestas cuando denigran tu trabajo o cuestionan tu profesionalidad; pero en cualquier caso, ellos son conscientes de que si repiten el ataque treinta veces en diez minutos sin moverse de su sitio, acabarás por enfadarte.

Puedes aguantar un ataque, dos, tres, pero parece que buscan el momento de calentarte lo suficiente. Admiro sinceramente a esas personas que saben mantenerse en su sitio hagas lo que hagas y digas lo que digas. No es demasiado difícil hacerlo cuando lo ves venir. Pero ¡ay! si estás con la guardia baja o tienes un mal día...

Por no hablar de que todos tenemos un punto débil como que se nos calumnie, se digan mentiras de nosotros, se nos critique por falta de profesionalidad, se denigre nuestra labor o se cuestionen nuestras decisiones o criterio. Solo hace falta buscar el camino. Cuando aprenderán algunos de la importancia de las formas para pedir las cosas.

Y tú, ¿dónde tienes el límite de tolerancia? ¿O eres de los pocos que pueden considerarse fríos y capaces de aguantar lo que venga?

domingo 15 de febrero de 2009

San Valentín

Este fin de semana, mi mujer y yo, junto a otras parejas, decidimos ir a cenar y bailar a un restaurante, que normalmente organiza bodas, bautizos y todo tipo de celebraciones. La entrada nos costaba sobre 40€ por persona, pero la comida fue excelente.

Pudimos elegir entre casi un centenar de platos. El local estaba libre de humos, el aire acondicionado se encargaba de refrescar el ambiente y los camareros fueron muy atentos en todo momento. La verdad es que la velada resultó muy agradable.

Parece ser que en algunos sitios empiezan a ponerse las pilas con lo de no fumar y cuando hace tiempo que tienes hijos y has dejado de salir, se agradece, porque ya no estás acostumbrado a pasar calor o al olor que desprende la ropa con el tabaco cuando llegas a casa.

Me llamó la atención los cerca de cien platos disponibles en el buffet libre y la calidad de los mismos; aunque me percaté de algo que sí que me resultó desagradable. Cada vez es más común que haya menos gente joven, y sí más gente mayor, y parece que la música solo va pensada para ellos. Luego podías pasarte a la discoteca, pero parece que para los de mi generación, o te tragas la música tecno, o los pasodobles, como si los grupos de hace quince años no hubieran existido nunca.

Si cada vez hay más ancianos, y menos jóvenes estamos condenados a vivir en un país de viejos, donde las ideas dejen de ser frescas y los jóvenes perdamos peso político y social, haciendo cada vez a nuestro país más conservador, menos innovador, y más tradicional.

Ahora, hay que ver como se lo pasan los jubilados de esta generación. Ya me gustaría a mí saber si cobraremos una pensión lo bastante buena para vivir como ellos ....

Esperemos que no sea así.

jueves 12 de febrero de 2009

Defenderse de las calumnias

Siempre me ha gustado mucho este párrafo de Robert J. Ringer:

"Cuando alguien intenta desfigurar las palabras de usted, cambiar sus intenciones o formular de nuevo sus propósitos, usted instintivamente, quiere defenderse aunque sea a patadas y mordiscos. Sigue la natural inclinación de querer probar al mundo que lo que se ha dicho de usted es falso. Hay que reparar la terrible injusticia cometida contra usted. Cuando sus emociones alcanzan este nivel, el calumniador ha ganado."

Me gusta mucho porque representa lo que a veces todos hemos sentido cuando se nos difama o calumnia; pero como bien refleja el texto, si no mantenemos la calma, si le damos tanta importancia al deshonor y a la falsedad, hemos perdido antes incluso de poder hablar, porque los sentimientos de indignación y enfado no son buenos compañeros de viaje del sentido común y la calma. La sangre fría es necesaria para tener perspectiva de lo que pasa, de a quien o quienes nos enfrentamos y de como nivelar la balanza.

No debería importarnos que haya personas que les crean; ni deberíamos esperar que no sucediera, porque gente irracional que cree lo primero que le cuentan hay mucha; y gente que busca primero pruebas y solo atiende a razones y hechos, pocas.

Responder a las calumnias o las injurias esperando salvar nuestro honor o dignidad, es partir de la base de que nos dejaran defendernos, de que dialogaremos uno contra uno, y de que la persona que lanzó la afrenta tiene honor y quiere aclarar las cosas. Pero no suele ser así, se calumnia para provocar la ira del calumniado, del ofendido, para que pierda los estribos.

Las razones del que así actúa pueden ser muchas, y a veces no tan evidentes como pudiéramos pensar.

Es un arma arrojadiza que he visto ejercer en el trabajo, que da buenos resultados y que alguna vez hemos de sufrir en nuestra piel, pero es muy difícil saber estar en el sitio cuando esto sucede.

Personalmente lo he sufrido en una ocasión, y me enfadé tanto al ser una agresión colectiva, que me tacharon de agresivo (verbalmente, se entiende) al tener que defenderme desde distintos ángulos de acusaciones ejercidas a mala fe. Hoy creo que respondería de otra manera, pero preferiría no tener que averiguarlo.

Saludos

miércoles 11 de febrero de 2009

Formación Profesional

Se me olvidó comentaros el otro día que los próximos 18 y 19 de febrero, en el Recinto Ferial de Ifema, en el Campo de las Naciones (Madrid), se presenta la IV Feria de Empleo de Formación Profesional de la Comunidad de Madrid.

Podéis acceder a la página de la feria aquí, además de conocer más detalles o enviar currículums. Creo que puede ser interesante para todas las personas que deseen saber más sobre FP o dedicarse a ello.

Saludos

martes 10 de febrero de 2009

Planes de pensiones

Hace algún tiempo redacté un post sobre los planes de pensiones y los Fondos de Inversión. Ese tipo de lugares donde metes tu dinero con la esperanza de poder rescatarlo dentro de 40 años y de complementar tu pensión estatal con algún dinerillo adicional.

Sin embargo, muchos tienen elevados costes y poca o ninguna rentabilidad. A veces perdemos más incluso de lo que podemos ahorrar en él (contando la inflación) y precisamente, hay un artículo reciente que habla sobre esto, y que os dejo, porque es bastante interesante.

Personalmente prefiero invertir personalmente mi dinero, fumármelo o gastármelo, me parece más interesante.

Saludos

Formación Profesional, otro camino

Todos sabemos que la Formación Profesional (FP) no goza de prestigio en el ámbito académico de este país. Y eso, a pesar de que las empresas se quejan en muchos casos de que los estudiantes universitarios carecen de la experiencia práctica necesaria que a veces exigen los trabajos que se les asignan.

En la UE, más de la mitad de los estudiantes se dedican a la FP, en España tan solo un tercio. Eso produce una escasez permanente de profesionales y técnicos, y un excedente permanente de universitarios que trabajan en puestos, para los que paradójicamente no tienen la práctica suficiente.

Tradicionalmente, dos tercios de los estudiantes se iban a Bachiller; y los que se marchaban hacia FP eran los vagos, los considerados tontos, con poca capacidad o aquellos que eran alumnos problemáticos. Es decir, se mandaba allí a aquellos que se consideraba menos preparados para la Universidad. Lo cierto, es que en muchos países, hay estudiantes que eligen este camino porque les gusta, y al contrario que en España, no supone desprestigio alguno dedicarse a él, lo que hace que personal muy capacitado también elija esta senda, y no se sientan menospreciados por el resto.

Un profesional de FP, y más en España, puede ganar lo mismo que un universitario (o incluso más), puede comenzar a trabajar más pronto, y puede desarrollarse profesionalmente. También les resulta más fácil encontrar empleo. Pero tienen vedado el acceso a la formación universitaria.

Una cuestión que podría ayudar a que FP dejara de ser considerada como algo de menor calidad o menos salida que una carrera universitaria, sería que pudieran enlazar de algún modo con la formación universitaria o las escuelas de negocio, de tal forma, que cuando quisieran ocupar cargos directivos que actualmente se atribuye a universitarios, pudieran hacerlo. No se entiende que este colectivo no pueda posteriormente hacer estudios superiores, o adquirir conocimientos laterales a su rama de conocimiento en la propia Universidad.

Este post está basado en lo que he leído en el artículo del periódico Expansión, "FP, una opción frente a la crisis", de este mismo fin de semana.

lunes 9 de febrero de 2009

La profesión tecnológica

Este fin de semana compré el periódico Expansión. Hace mucho tiempo que no lo compraba y no suelo dedicar tiempo los fines de semana a leer periódico alguno, prefiero los libros, la familia o quedar con los amigos.

El caso es que me llamó la atención que al preguntar a los jóvenes cuales eran los sectores preferidos para trabajar, el 29% quisiera hacerlo en la Administración Pública, el 20% en el de Servicios, el 16% en Turismo, el 15% en Telecomunicaciones, el 15% en Banca/Seguros, el 13% en Medios de comunicación, el 11% en Tecnología, el 11% en Construcción/Inmobiliario, el 9% en Automoción y el 6% en el sector Farmacéutico.

Cuando yo comencé a estudiar la proporción de jóvenes que querían ser funcionarios era la misma. Resulta curioso que en quince-veinte años, las empresas no hayan conseguido infundir un mayor interés a los jóvenes por dedicarse a otros sectores. Creo sinceramente que muchos jóvenes no salen con esta vocación sino que sufren la penalización de contratos en prácticas abusivos, sueldos bajos, y otras vicisitudes sin contrapartidas, que al final les hace plantearse otros caminos.

Pero otra cosa que me resulta curiosa y chocante, es que casi todos los sectores se consideran mejores y más interesantes que el de la Tecnología. Hace unos años no era así. Eso demuestra como las expectativas de las primeras promociones pioneras en este sector no se han cumplido y por ende, los que venían detrás, han decidido dedicarse a otra cosa.

No solo es la carencia actual de profesionales una limitación sería, sino que todavía es peor el hecho de saber que los jóvenes actuales no van a apostar por ella, lo cual agravará su déficit en el futuro y la capacidad de España para crecer en I+D.

viernes 6 de febrero de 2009

El trazado de líneas divisorias

Esta teoría, más conocida como la Teoría del Juego del Trazado de las líneas divisorias, la desarrolló Robert J. Ringer en su libro "Sea el Número Uno".

"Cada persona traza subjetivamente sus propias divisorias referentes a lo que es o no es un acto correcto, basándose en sus propios principios morales, en los principios morales de los demás, o en lo que más le conviene en el momento de realizar ese acto. El resultado de ello es, en mayor o menor medida, que sus actos expresan sus definiciones de las palabras. ... todo ser humano participa en el juego del Trazado de líneas divisorias, tanto si se lo propone como sí no."

Pondré un ejemplo: cuando alguien dice que va a dejar de fumar, luego nos dice que ya no fuma y posteriormente lo vemos fumando un cigarro después del almuerzo, otro tras la comida, y otro a media tarde; la citada persona nos dirá que tres cigarrillos al día no hacen daño y que antes se hacía una cajetilla entera.

Luego está el hecho de que casi todo el mundo puede justificar sus actos, por ejemplo: nadie admitirá ser un ladrón por llevarse "algo sin importancia" (he aquí otro juicio discutible) de un centro comercial, aunque el hecho de sustraer cualquier cosa ya es un robo; todos nos consideramos buenos conductores, aunque hayamos bebido alguna vez, ido por encima del máximo permitido de velocidad en algún momento de nuestras vidas, etc.

Y así podríamos continuar. Por eso todo el mundo está de acuerdo, o al menos, mucha gente, al querer acabar con criminales, ladrones, inseguridad ciudadana, etc. Las ideas están claras. Sin embargo, todo se difumina cuando se trata de etiquetar actos y situaciones concretas, donde como individuo, yo me considero bueno y siempre, mis actos caerán "en el lado del bien".

Saludos

jueves 5 de febrero de 2009

Contundencia

Hoy en día se habla mucho de dialogar, trabajar en equipo, apoyarse los unos a los otros, tomar decisiones y asumir riesgos en base al grupo, e integrar lo mejor de cada uno. Parece que decidir por uno mismo, ser individualista, tener las ideas claras e intentar convencer a los demás o arrastrarlos en nuestra dirección, es decir, emplear el concepto de misión, no está de moda.

Lo cierto es que en las reuniones, donde se deciden las cosas, y donde los jefes suelen estar presentes, la mayoría de las personas que se quejan habitualmente, se callan. Nadie quiere decirle a nadie lo que debe hacer, y las ideas se exponen esperando la aquisciencia general, da la impresión de ser una familia bien avenida o que quiere estarlo (de las que no existen en una empresa, vamos), pero que muchas veces carece de ese poder ejecutivo que las dota de dinamismo.

Para empezar, aquellos que se preparan las reuniones y hablan con seguridad, no suelen ser rebatidos; si además cosechan alguna victoria en los inicios de la misma, cada vez se les escucha más, y al final, salen triunfadores. Por eso esta clase de personas resultan arrolladoras; si pierdes los primeros rounds se hace imposible evitar que impongan su manera de ver las cosas al resto; es como si los demás asistentes cayeran bajo su influencia y a cada palabra, incrementaran su prestigio.

Nos enseñan en la escuela y la universidad lo que es convencer, seducir, vencer, o atraer, que no son más que maneras de ganar el voto o la opinión de otros para nuestra causa. Convencer pasa por rebatir los argumentos de la otra parte, haciéndole ver más ventajas en nuestra manera de actuar que en la suya; seducir, es hacerle ver aquello que puede o pudiera ser excepcional si sale bien; atraer, se basa en acuerdos, en lograr apoyos mediante concesiones; y vencer es imponer nuestras ideas, sin importar si actuamos convenciendo, seduciendo o atrayendo al resto.

Sin embargo, nos falta aquí la manera que hoy se considera más políticamente incorrecta: aplastar a los oponentes. Cosa que se puede hacer ejerciendo el poder, presionando por distintas vías, o pulverizando sus argumentos sin miramientos. En este último caso se emplea lo que llamamos contundencia, que no es más que la idea de aniquilar los argumentos del otro, hasta dejar sus opciones tan fuera de lugar que aparece anacrónico hacer lo que propone.

He tenido la suerte de ver a algunos jefes emplear la contundencia de manera muy acertada, y sigue siendo una manera muy limpia de dejar mal a aquellos que no saben ser exquisitamente precisos en la presentación de sus argumentos. Aquí radica el quid. Es un buen sistema para abatir argumentos vagos, mal definidos o no concretos. Además saca de la conversación toda argumentación pasada sobre cosas que se hicieron mal y se centra en el ahora, reduciendo la dificultad de tener controladas todas las alternativas, pues son solo las presentes, no las pasadas.

Puede que sea cruel, pero ver a uno de estos personajes en acción, empleando este sistema, es toda una lección de liderazgo. Todavía recuerdo hace diez años a cierto jefe mío empleando este sistema, mientras abatía al número dos de una empresa cliente. Nadie se atreve con estas personas tras una primera demostración de efectividad, porque los que la sufren, quedan delante del resto como si fueran auténticos idiotas.

El concepto de contundencia a la hora de hablar es fundamental para dirigir una reunión. La mayoría de las personas suelen perderse en conversaciones vanas, en razones que distan de ser racionales, o en argumentos que necesitan sumarse de dos en dos o de cuatro en cuatro para cambiar la orientación de la balanza. En una argumentación contundente, un solo argumento orienta la balanza a nuestro favor, y tres arruinan el prestigio del oponente.

Personalmente he visto emplear estos argumentos para defender una idea o un principio, más que para seleccionar una alternativa entre varias. Pero aplicarlo supone conocer muy bien el terreno, ser decidido, tener seguridad en sí mismo y no encontrarte con alguien de cara que sea tan bueno como tú y vaya preparado. Así que sondear el terreno al principio de la reunión es fundamental.

Saludos

martes 3 de febrero de 2009

Falsa sensación de seguridad

A los humanos nos gusta creer que estamos a salvo, que no existe el riesgo o que podemos controlarlo. Se nos olvida que solo somos una gran mota de polvo en un planeta rodeado del espacio infinito.

Nos cuesta mucho comprar una casa y tenemos miedo a perderla, por eso aseguramos la casa y su contenido y pagamos servicios de vigilancia; nos hacemos seguros de vida o por enfermedad, aunque son muchas las condiciones por las que el seguro deja de cubrirnos; nos hacemos planes de pensiones, por si el Estado no paga o es demasiado baja, aunque muchos de ellos pierden dinero, no suben lo que la inflación, o llegan incluso a quebrar; pensamos en la seguridad de ser propietarios y tener una escritura de un terreno, pero cualquier ayuntamiento te lo puede expropiar, urbanizar o puede clavarte una carretera de por medio, sin embargo, seguimos pensando en ello como un bien seguro.

También nos gusta tener la seguridad del paro por desempleo, aunque solo cubra una fracción pequeña de nuestra vida laboral y nos obligue a cotizar toda la vida; o la seguridad social, aunque pensemos que cada vez funciona peor porque se va sobrecargando y el presupuesto no permite cubrir el aumento de gente ni en el encarecimiento de los tratamientos.

Luego está lo de invertir en bolsa, o en oro, cuando en caso de guerra o crack de la bolsa, la liquidez desaparece y el dinero no vale nada o simplemente no sirve para lo básico, comer.

Y pagamos impuestos para que los cuerpos de seguridad nos protejan, aunque pensamos que son insuficientes. Muchas veces,solamente lo hacemos porque queremos creer que sirve de algo, para sostener un sistema lleno de fallos y carencias, y que de vez en cuando, todos cuestionamos internamente. Su nombre es bien conocido, y se llama "Estado del Bienestar".

A veces pienso, ¿dónde está esa mentalidad de lanzarse a la aventura, a lo inhóspito, de dar por bueno lo que te venga de la vida, sin pararse a pensar lo que será de nosotros si sucede tal o cual cosa? Los colonos americanos nunca se habrían metido en tierras de los indios si pensaran así; ¿de cuando data el concepto actual de seguridad?, ¿o sería mejor llamarlo miedo encubierto?

Olvidamos que basta un meteorito, un maremoto, tsunami o erupción para hundir todo el sistema económico capitalista, basado en que unos protegen a otros, mientras todos no sufran un descalabro.

Un hombre, no puede asegurar la vida de otro; ni un organismo nacional o supranacional puede sustraerse al hecho de ser solamente una empresa o ente que puede quebrar. El sistema solo se sostiene si todos seguimos en él. Y mientras la parte afectada no sea importante.

¿Qué pasará cuando todos seamos pensionistas? ¿O si la delincuencia hace que no sea rentable asegurar las viviendas?

Todo se reduce a una empresa: no existe verdadera seguridad, aunque mucha gente se niegue a asumirlo. La vida es lo que vemos y todo se puede ir al garete de un plumazo en cualquier momento, por muchos planes, intereses, amistades o dinero que tengamos.

Admitir que somos vulnerables da a la vida un nuevo horizonte.

lunes 2 de febrero de 2009

Definiendo nuestro trabajo

En mi trabajo, mis jefes han decidido que sería buena idea aquello de definir las funciones que se realizan en cada puesto, quien es el responsable, cual es la metodología aplicada, cuales son los servicios que se prestan y el tema no poco polémico de cómo localizarnos en todo momento.

La idea no es mala, de hecho es razonable que se defina todo lo anterior. Sin embargo, suele hacerse con más intenciones que esas. Definir las funciones está bien, nombrar responsables también; pero es en estos casos cuando entonces el personal se plantea dejar de prestar servicios que no le corresponden pero que tradicionalmente se han dado. Parece razonable que no se quiera asumir la responsabilidad por tareas fuera del ámbito profesional.

Definir la lista de servicios que se prestan no es mala idea, si al lado, le acompaña otra lista de servicios que "no se prestan" o una ley de límites. Del mismo modo asegurar la respuesta al usuario permite garantizar la calidad del servicio, aunque auditar y documentar todos los pasos reduce el rendimiento.

Muchas veces en los grupos de trabajo las tareas son compartidas y la responsabilidad también, sin embargo si definimos responsables de tarea, posiblemente la persona que de la cara, no desee que otros hagan nada sin estar presente, y del mismo modo si se distribuyen las responsabilidades, y si todos cobramos lo mismo querremos que se repartan equitativamente, lo que puede suponer fricción en el grupo.

Por otra parte, es una oportunidad si se aprovecha bien y el personal técnico sabe desenvolverse para deshacerse de tareas ingratas o fútiles que no sirven para nada, pero "alguien" las sigue exigiendo.

Personalmente lo de la localización del personal es lo que menos me gusta. Muchas veces estamos resolviendo situaciones difíciles o de planteamiento complejo y no estamos en el despacho porque no queremos ser molestados. No queremos estar respondiendo llamadas tontas sobre servicios que hemos tirado abajo por mantenimiento y de lo que avisamos el día anterior por email a toda la comunidad.

Además, ¿debo contestar el teléfono si estoy en el baño o atendiendo a otra persona? ¿Se quejarán si no lo contesto cuando no lo oiga en alguna de las salas de servidores? ¿Seré responsable de su deterioro si se me olvida que lo llevo en el bolsillo del pantalón y me siento encima dejándolo como un acordeón?

Si tengo que estar localizable, tal vez deberíamos definir cual es mi horario de atención al público, porque está claro que no es toda mi jornada laboral, cuando estoy apagando el ordenador, terminando una tarea para mañana, etc; porque todo eso me haría salir más tarde de lo que me corresponde ¿Podré entrar más tarde al día siguiente?

Controlar está bien, saber lo que hace el personal también, pero no nos engañemos, cuando podemos irnos media hora antes, lo aprovechamos, por la vez que se complican las cosas y salimos tarde ¿Considerará la empresa que esos picos no se compensan?

Bueno, lo cierto es que no estoy en mala situación y dudo que la sangre llegue al río, pero habrá que abrir bien los ojos. Ya os contaré. Seguro que pedirán más servicios y más responsabilidades, y seguro que nosotros pediremos también compensaciones.