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miércoles 30 de enero de 2008

I+D en las Universidades

Este comentario viene a ser un anexo al de las Universidades Burocráticas que escribí el otro día.

Los expertos reclaman más dinero para las Universidades, tanto para formación como para investigación. Sin embargo, proponen que parte del dinero sea privado, que se fomente la vinculación a objetivos y se estimule la eficiencia.

Aquí os dejo el enlace.

Y es que, si encima que invertimos menos PIB que otros países, lo empleamos peor, pues ya me diréis...

miércoles 23 de enero de 2008

Lo que "NO" nos cuentan de la productividad

El ministro de economía nos está repitiendo continuamente que en España, la productividad es un problema, pues no crece, o lo hace mucho menos que en Europa, y menos de lo que España necesita para converger con ella.

Mejorar la productividad no es solo que la gente rinda más, sino que lo haga durante más tiempo, es decir, reducir el período de faltas por enfermedad y por lesiones en los puestos de trabajo, además de cuidar la salud de los empleados.

Mucha gente que ahora es mayor y que le faltan entre cinco y quince años para llegar a la edad de 65 años, sueña ya con la jubilación. Una buena parte de estas personas lleva toda la vida realizando el mismo trabajo, o al menos las últimas dos décadas y por tanto, han ejercido un importante desgaste que les impide seguir realizando la misma actividad o al mismo ritmo (aunque no otras).

Sin aplicar cambios en la manera en que se ejecutan muchos de estos trabajos (sobretodo los que suponen desgaste físico) será imposible alargar su vida laboral. Solamente "suavizando" su trabajo podemos pensar en que ejerzan durante más tiempo. Pero esto, no consta en ningún plan de la Seguridad Social. Solo se habla de alargar la vida laboral, lo cual dejará ancianos más desgastados y estropeados al llegar la fecha de la jubilación, si es que llegan. Y de hacerlo, repercutirán más gastos a la seguridad social. Debemos por tanto, poner todos los medios, para que trabajen con un desgaste menor, en definitiva dotarles de mejores condiciones, que permitan que sean productivos durante más tiempo y se jubilen en mejor estado.

Pero esto parece utópico, porque en muchos empleos, las condiciones y el esfuerzo que requieren los crea el entorno, y es difícil paliarlos (pensemos por ejemplo en el estrés de los que se pasan el día conduciendo). También deberíamos pensar en esas personas que están hastiadas de realizar el mismo trabajo durante tantos años.

Tal vez entonces podríamos cambiarlos de empleo o de especialidad cuando dieran síntomas de agotamiento, antes de que enfermaran, o quedaran impedidos, o desearan retirarse. Esto naturalmente, supondría ventajas reales para la economía y la forma en la que se ve hoy en día la jubilación.

No debería ser algo extraño que en el futuro pudiéramos ver a personas mayores empleando su experiencia en áreas afines, trabajando a tiempo parcial, o realizando tareas catalogadas como ligeras.

Sin un plan estratégico, solo podemos parchear el sistema.

lunes 21 de enero de 2008

La gestión del agua en este país

Sabemos que España tiene un tercio de su territorio en proceso de desertización o con altas posibilidades de que eso suceda, sabemos que en el futuro va a llover menos y lo va hacer de forma aún más torrencial, sabemos que existen zonas con serios problemas de abastecimiento de agua (sírvase ver el caso de Barcelona), y sabemos que es necesario tomar medidas.

Sin embargo, nuestros políticos no se ponen de acuerdo. El Plan Hidrológico nacional, era para unos un grave error, y para otros una gran oportunidad perdida; construir embalses no proporciona agua sino llueve, peor aún, sino llueve en las cuencas de los ríos que desembocan en él o en el propio embalse; construir desaladoras es caro, y contamina la zona costera con exceso de sal, borrando toda esperanza de vida marina, etc.

Se sabe que algunas de las redes de agua de España sufren pérdidas de hasta un 20% del caudal que llevan, pero nadie se plantea sustituirlas o cambiarlas; y se podría subir el precio del agua para que fuera más valorada, pero no se hace.

Ningún gobierno se ha planteado tampoco la posibilidad de aplicar normas y leyes para cambiar los hábitos de consumo en las viviendas: exigir lavadoras con determinado perfil ecológico, grifos con filtro que ahorran agua, o normativas sobre el aprovechamiento del agua de la ducha, el retrete, la lavadora, etc.

Pero eso sí, suceden cosas sorprendentes como ésta, que me gustaría creer que no son ciertas, porque si lo son, es de auténtica pena.

viernes 18 de enero de 2008

Sin sentido

Vivimos en una sociedad, donde los medios de comunicación nos transmiten cada vez más que lo importante es el individuo y donde su desarrollo personal debe alcanzar las cotas que deseemos sin aceptar limitaciones externas ni presiones.

A esa nueva era, yo la denomino la era de la libertad, donde muchos piensan que no existen las obligaciones, pero si los deseos, las pasiones, la felicidad y el placer, que como en un sueño, deberían ser eternas.

Enaltecemos nuestros derechos y no solemos recordar los de los demás, minimizamos las obligaciones y justificamos su incumplimiento regular o sistemático. Violamos las leyes individualmente, supuestamente con excepcionalidad; pero en sociedad, las aceptamos, aprobamos y defendemos. Nuestro caso siempre es puntual, los delincuentes, los inmaduros o los faltos de compromiso son los demás.

Todo el mundo cree tener razón, todos sabemos o creemos saber de lo que hablamos y lo hacemos aprisa, con ideas sueltas, empleando frases hechas, o palabras vacías que apoyan el concepto más amplio de egoísmo que hemos captado de la televisión.

Nos venden al hombre y la mujer capaces de sobrellevar el empleo, cuidar de los hijos, llevarlos a actividades extraescolares, hacer el amor con energía 7 veces a la semana, hacer deporte, movernos por Internet, cuidar de la casa, cuidar de nuestros mayores, hacer los deberes con nuestros hijos, organizar y pagar las vacaciones, estudiar para promocionar en el empleo, invertir en bolsa, mantenernos guap@s, asistir a fiestas y reuniones sociales, saber lo que pasa en la tele, llevar siempre la sonrisa blanca y pura en los dientes, ir a la moda, conservar el pelo de la cabeza(hombres), depilarnos a diario (mujeres), asistir a la peluquería, comprarnos un buen coche, etc.

¿Y qué pasa con ese 10% que reconoce abiertamente que no lo consigue? Son unos fracasados y todos los conocemos, aunque no entendemos como pueden sentirse orgullosos de ser así.

Y con el otro 90% que lo tienen todo, ¿son felices? ¿De verdad lo tienen todo? ¿De verdad lo creen? ¿O solo lo dicen?

miércoles 16 de enero de 2008

Las Universidades Burocráticas

La mayor parte de la actividad investigadora en este país se ejerce en las Universidades. Son ellas las encargadas de formar en el conocimiento a las personas que algún día serán la base tecnológica y científica de España.

Sin embargo, ¿en qué se gastan las universidades su presupuesto?
No parece que lo hagan en ser las primeras del mundo preparando a sus estudiantes o investigando como puede leerse aquí.

Si cada vez hay menos alumnos en las universidades y el presupuesto ha aumentado año tras año, ¿por qué no subimos en el ranking de mejores universidades mundiales algunos puestos? ¿Acaso no somos la octava potencia mundial?

Si como he podido presenciar en alguna ocasión, las universidades públicas se gestionan como si fueran otra administración pública más y están fuertemente burocratizadas, ¿cómo esperamos que respondan a la velocidad que la sociedad les exige?

No podemos pretender que personas que imparten la misma asignatura durante 20 años y que con cada nuevo plan de estudios han hecho todo lo necesario para que no les afectara, sean el motor en investigación y desarrollo del mañana. Tampoco podemos pedirles a esas personas que pasen a estar motivadas cuando se han acostumbrado a funcionar con normas férreas propias de una administración arcaica.

Nuestros mejores investigadores no pueden perder el tiempo esperando que se apruebe un concurso público para dotarles del material necesario. No es una buena idea tenerlos rellenando escritos y solicitudes para obtener recursos que acaban por agotar la paciencia de los más perseverantes. Ese no es su trabajo, se les paga para investigar o para enseñar, no para litigar con procedimientos administrativos, ni para ser el motor de su cambio cuando ven como arruinan su esfuerzo.

Las universidades españolas deberían ser pioneras en adoptar políticas que les plantearan problemáticas nuevas, que debieran afrontar antes incluso que la propia sociedad donde están establecidas. Llena como está de expertos en todas las materias y disciplinas, deberían fomentar la innovación, estar plagadas de proyectos piloto, de políticas de reutilización, disponer de oficinas de proyectos, y de otras dedicadas a aceptar y valorar ideas de las personas que trabajan en ella sin importar su nivel, formación o procedencia.

Como administración pública que son, debería permitírseles reaprovechar los recursos, redistribuir los que ya no utilizan, emplearlos en nuevas áreas, plantearse nuevos usos y reducir de manera considerable la complejidad de su gestión. Incluso que pudieran obtener beneficio económico de ellos para aumentar su presupuesto y sus recursos cuando son material excedentario. A fin de cuentas son una empresa, porque deben rendir cuentas a la sociedad que las mantiene.

Por el tamaño de estas "macroempresas" de capital público, todas sus unidades de investigación, docencia, administración, infraestructura, etc deberían estar sometidas a una constante actividad auditora por parte de una empresa externa que les dijera cómo optimizar recursos o reaprovechar mucho de lo que se tira o infrautiliza. Los presupuestos anuales, donde todo aquello que no se gasta se pierde (se devuelve al estado o autoridad autonómica) y conlleva una reducción del presupuesto un año más tarde, solo sirven para fomentar el derroche.

Deberían tener una parte de presupuesto fija en función de los criterios que el estado o la administración autonómica considerara, pero otra parte debería quedar fijada en base a criterios de mejora, productividad, reutilización de recursos, etc. Es decir, que universidades mejor gestionadas tuvieran más presupuesto y la gente que trabajara en ellas, mejores sueldos (Bastaría crear una parte variable asociada a productividad).

Si el personal que trabaja en ellas obtuviera beneficios o perjuicios cuando se aplican políticas incoherentes o desfasadas, exigirían la aplicación de las políticas óptimas, y rechazarían llevar a cabo lo que no supusiera la racionalización de los recursos. Y lo harían con la misma vehemencia que se exige la subida salarial al nivel de la inflación o la seguridad en el empleo. Si se dotasen premios por las mejores ideas y se planteasen los procedimientos como algo abierto y sujeto a cambios y mejoras, si se preguntase a las personas que los emplean, y a las que los sufren, como mejorar lo que hacen y se estudiara la necesidad de su existencia, todo iría mejor.

A veces he observado como un procedimiento administrativo empleado era erróneo, malo o poco práctico. Pero eso solo perjudicaba a los que eran atendidos por la administración. Los empleados en la administración, llegaban incluso a reconocerlo, lo habían comunicado a sus superiores, pero éstos decían que no tenían medios o canales para cambiarlo, y el asunto se zanjaba ahí. No existen mecanismos para burlar a la burocracia, y eso también sucede en la administración de las universidades.

Si dedicáramos tiempo a estudiar nuevas normativas o reglamentos para modernizar las universidades no habría posiblemente principio de acuerdo y se necesitaría mucho tiempo, suponiendo que se llegara a algo. Es posiblemente más interesante la idea de desregular y desnormalizar para que cada uno marque sus políticas de mejora y optimización de recursos en base a unos criterios marco generales para todo el estado.

En definitiva, la universidad española no puede ser una administración pública más, si queremos que la octava potencia mundial ocupe el lugar en I+D que le corresponde y produzcamos un tejido empresarial fuerte que no viva de cubrir el déficit de la balanza de pagos con el turismo. O esperaremos a que China nos supere a todos.

jueves 10 de enero de 2008

La productividad en España

Durante los años que anduve de empresa en empresa, pude comprobar como muchas tareas eran realizadas sin planificación o estudio alguno. Ni siquiera después de haberlas terminado se evaluaban con criterios de mejora, o eficiencia. Normalmente tampoco se documentaban. El resultado, una admirable forma de arruinar la productividad.

No se trata solo de modernizar la manera de trabajar de muchas empresas con el fin de mejorar la productividad, sino de aplicar prácticas laborales adecuadas para que sean realmente efectivas, como explica el economista holandés Van Ark en su informe y que se cita aquí.

Si comparamos la productividad española con la de hace 30 años hemos mejorado en términos absolutos, pero hemos perdido puestos relativos en Europa, o lo que es lo mismo, ellos han mejorado más que nosotros. El parón se ha producido sobretodo desde 1995, desde donde la productividad ha pasado de un nivel 100 a un 97,8 en el 2006, como se comenta en El Confidencial.

Es por esto, que el crecimiento económico de España se ha basado en el aumento de la tasa de empleo, que ha pasado desde el 82% en 1995 al 99,8% en el 2006.

El hecho de que las tareas o actividades no están bien organizadas, se aprecia fácilmente si pensamos que España "ha logrado" una productividad inferior a nuestros amigos europeos, a pesar de ser el país donde más horas se trabajan, 1865 horas al año.

El informe de Proudfoot Consulting habla también de la poca planificación y calidad de la gestión operativa en las empresas y la escasa supervisión de los trabajos realizados. A esto, personalmente
añadiría que en las empresas europeas no españolas, los empresarios tienen más respeto por las ideas y opiniones de sus empleados con respecto a qué puede hacerse mejor o cómo hacerlo.

En España, el tema de optimizar o mejorar no suele importar. Si la productividad baja, el empresario presiona para que se trabaje más tiempo hasta que las tareas pendientes se terminan igualmente, con alta o baja productividad.

A eso se añade la escasa motivación de los empleados que no son tenidos en cuenta para tomar decisiones. Evidentemente, la productividad también mejoraría si se innovara en la planificación y aplicación de tecnología, introduciendo la competencia entre secciones dentro de las empresas.

Otra importante necesidad que podría incentivar la productividad es la tan deseada (por muchos) flexibilidad laboral y tan poco conseguida. Son muchas las empresas que se empeñan en que se cumpla un horario a toda costa, sin valorar si los objetivos del trabajo se han cumplido y sin valorar si determinados horarios podrían mejorar la productividad o disminuir la necesidad de recursos.

Al contrario sucede cuando se cumple el horario laboral, pues si el empleado cumple con la jornada laboral y el trabajo "va saliendo" nadie le dice nada. Deberíamos a ser más productivos racionalizando la utilidad del esfuerzo y el mejor momento para ejercerlo.

La mejora de la flexibilidad horaria redundaría en una reducción del estrés, menores pérdidas de tiempo para llegar al trabajo(todo el mundo que pueda, no querrá entrar por ejemplo a las horas de mayor tráfico), menos condensación en bares y restaurantes para comer fuera de casa, más calidad de vida para que las personas puedan gestionar "papeleos en sitios oficiales", más posibilidades de formación, mayores rendimientos por trabajar cuando mejor nos encontramos o nos conviene.

Por último os dejo con un sitio web de información sobre los horarios en España y que intenta concienciar sobre su racionalización.

martes 1 de enero de 2008

El desastroso hombre promedio

Desde que nació la educación, los hombres (y mujeres) considerados educados o cultos, eran aquellos que conocían las distintas ramas del conocimiento que eruditos y educadores creían esenciales en su tiempo.

Sin embargo, se asumía que todas las personas no destacaban en la misma área, en el mismo grado, ni siquiera de la misma manera. Dependiendo de las habilidades físicas y mentales del individuo, acababa siendo más apto en alguna de ellas que en las demás.

Nuestro sistema educativo de hoy y no me refiero a ningún plan de estudios concreto, sino a la manera general de educar en Occidente, parte de la premisa que el individuo ha de alcanzar al menos un cierto grado de suficiencia en todo aquello que estudia. No se contempla por ejemplo, que sea un zoquete en matemáticas, aunque tenga un futuro brillante en la literatura.

Se exige a todos los alumnos que pasen un baremo mínimo en todas las áreas, sino su futuro puede quedar limitado, pues no podrá pasar de ciclo formativo o acceder a la universidad, por muy bueno que sea en un campo concreto.

Pensar que la parte mediocre de un hombre, pueda limitar las posibilidades de ejercer empleándose en aquello para lo que ha sido dotado excepcionalmente, o simplemente bien dotado, es considerar que estamos desperdiciando demasiada gente hábil y capacitada.

Reunir lo mejor, no siempre significa construir equipos de gente "preparada", sino lograr el equilibrio por la suma de las partes y saber como dirigirlas. En ocasiones pueden ser carácteres muy dispares y enfrentados, donde la dirección del grupo es sumamente importante.

Pero claro, reunir y dirigir estos equipos no es sencillo. Del mismo modo que detectar a estas personas y ver exactamente donde pueden destacar tampoco. Tal vez la formación como la entendemos hoy está mal orientada, es generalista y poco adaptada a las personas. Tal vez no tenemos gente bien preparada en Recursos Humanos capaces de distinguirlas y reunirlas para exprimir al máximo todo su potencial.

En cualquier caso, basta con ver los anuncios, y pensar en los hombres y mujeres diez que nos venden, capaces de salir de manera sobresaliente de TODAS las situaciones apuradas de la vida y del trabajo, en todos los campos y en todo momento. Son perfectos en todas las áreas a las que se dedican.

Personalmente la gente que me ha sorprendido alguna vez en algo por ser sencillamente geniales, eran desastrosas en otros campos, bien por falta de interés, por falta de tiempo, o por carecer de aptitudes para ello.

Pero podemos seguir pensando en el hombre y mujer promedio, aptos para todo, y mediocres en todas las áreas porque ni ellos ni nadie supo descubrir donde podían demostrar su auténtico potencial.

Tanto Richard Templar como Peter Drucker tratan estos temas en algunos de sus libros.

Utilizar a los hombres como hombres promedio, es desperdiciar la capacidad y el talento de todo ser humano para emplear sus mejores facultades e implica no valorar a las personas por lo mejor de ellas. También supone pensar demasiado en las cifras y más bien poco en la excelencia de lograr los objetivos en menos tiempo o alcanzar mejores marcas en la consecución de las metas.