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miércoles 16 de enero de 2008

Las Universidades Burocráticas

La mayor parte de la actividad investigadora en este país se ejerce en las Universidades. Son ellas las encargadas de formar en el conocimiento a las personas que algún día serán la base tecnológica y científica de España.

Sin embargo, ¿en qué se gastan las universidades su presupuesto?
No parece que lo hagan en ser las primeras del mundo preparando a sus estudiantes o investigando como puede leerse aquí.

Si cada vez hay menos alumnos en las universidades y el presupuesto ha aumentado año tras año, ¿por qué no subimos en el ranking de mejores universidades mundiales algunos puestos? ¿Acaso no somos la octava potencia mundial?

Si como he podido presenciar en alguna ocasión, las universidades públicas se gestionan como si fueran otra administración pública más y están fuertemente burocratizadas, ¿cómo esperamos que respondan a la velocidad que la sociedad les exige?

No podemos pretender que personas que imparten la misma asignatura durante 20 años y que con cada nuevo plan de estudios han hecho todo lo necesario para que no les afectara, sean el motor en investigación y desarrollo del mañana. Tampoco podemos pedirles a esas personas que pasen a estar motivadas cuando se han acostumbrado a funcionar con normas férreas propias de una administración arcaica.

Nuestros mejores investigadores no pueden perder el tiempo esperando que se apruebe un concurso público para dotarles del material necesario. No es una buena idea tenerlos rellenando escritos y solicitudes para obtener recursos que acaban por agotar la paciencia de los más perseverantes. Ese no es su trabajo, se les paga para investigar o para enseñar, no para litigar con procedimientos administrativos, ni para ser el motor de su cambio cuando ven como arruinan su esfuerzo.

Las universidades españolas deberían ser pioneras en adoptar políticas que les plantearan problemáticas nuevas, que debieran afrontar antes incluso que la propia sociedad donde están establecidas. Llena como está de expertos en todas las materias y disciplinas, deberían fomentar la innovación, estar plagadas de proyectos piloto, de políticas de reutilización, disponer de oficinas de proyectos, y de otras dedicadas a aceptar y valorar ideas de las personas que trabajan en ella sin importar su nivel, formación o procedencia.

Como administración pública que son, debería permitírseles reaprovechar los recursos, redistribuir los que ya no utilizan, emplearlos en nuevas áreas, plantearse nuevos usos y reducir de manera considerable la complejidad de su gestión. Incluso que pudieran obtener beneficio económico de ellos para aumentar su presupuesto y sus recursos cuando son material excedentario. A fin de cuentas son una empresa, porque deben rendir cuentas a la sociedad que las mantiene.

Por el tamaño de estas "macroempresas" de capital público, todas sus unidades de investigación, docencia, administración, infraestructura, etc deberían estar sometidas a una constante actividad auditora por parte de una empresa externa que les dijera cómo optimizar recursos o reaprovechar mucho de lo que se tira o infrautiliza. Los presupuestos anuales, donde todo aquello que no se gasta se pierde (se devuelve al estado o autoridad autonómica) y conlleva una reducción del presupuesto un año más tarde, solo sirven para fomentar el derroche.

Deberían tener una parte de presupuesto fija en función de los criterios que el estado o la administración autonómica considerara, pero otra parte debería quedar fijada en base a criterios de mejora, productividad, reutilización de recursos, etc. Es decir, que universidades mejor gestionadas tuvieran más presupuesto y la gente que trabajara en ellas, mejores sueldos (Bastaría crear una parte variable asociada a productividad).

Si el personal que trabaja en ellas obtuviera beneficios o perjuicios cuando se aplican políticas incoherentes o desfasadas, exigirían la aplicación de las políticas óptimas, y rechazarían llevar a cabo lo que no supusiera la racionalización de los recursos. Y lo harían con la misma vehemencia que se exige la subida salarial al nivel de la inflación o la seguridad en el empleo. Si se dotasen premios por las mejores ideas y se planteasen los procedimientos como algo abierto y sujeto a cambios y mejoras, si se preguntase a las personas que los emplean, y a las que los sufren, como mejorar lo que hacen y se estudiara la necesidad de su existencia, todo iría mejor.

A veces he observado como un procedimiento administrativo empleado era erróneo, malo o poco práctico. Pero eso solo perjudicaba a los que eran atendidos por la administración. Los empleados en la administración, llegaban incluso a reconocerlo, lo habían comunicado a sus superiores, pero éstos decían que no tenían medios o canales para cambiarlo, y el asunto se zanjaba ahí. No existen mecanismos para burlar a la burocracia, y eso también sucede en la administración de las universidades.

Si dedicáramos tiempo a estudiar nuevas normativas o reglamentos para modernizar las universidades no habría posiblemente principio de acuerdo y se necesitaría mucho tiempo, suponiendo que se llegara a algo. Es posiblemente más interesante la idea de desregular y desnormalizar para que cada uno marque sus políticas de mejora y optimización de recursos en base a unos criterios marco generales para todo el estado.

En definitiva, la universidad española no puede ser una administración pública más, si queremos que la octava potencia mundial ocupe el lugar en I+D que le corresponde y produzcamos un tejido empresarial fuerte que no viva de cubrir el déficit de la balanza de pagos con el turismo. O esperaremos a que China nos supere a todos.